Publicado por DDK Team el 18/10/2007 (3008 lecturas)
Prácticas Sexuales -
Cunnilingus
El delicioso arte de comer
Por
definición, cunnilingus es la forma de sexo oral aplicada a las mujeres,
que emplea para la estimulación de sus órganos sexuales, la boca y la
lengua de manera preferente. Se puede también alternar con la
masturbación manual para enriquecerla y hacerla más placentera.
Actos como aspirar, lamer la vulva, los labios mayores o menores y el
clítoris femenino empleando la lengua, los labios e incluso los dientes
de forma delicada, pueden proporcionar sensaciones maravillosamente
placenteras al unir el placer y un punto de dolor.
En la vida “normal” se entiende esta práctica de hombres a mujeres en
una relación heterosexual o entre mujeres en una lésbica, sin embargo en
BDSM contiene otros elementos que conviene resaltar, porque hacen
diferencia. Si en relaciones “vainilla” es un regalo de quién la hace
hacia quién la recibe, en BDSM puede ser todo lo contrario; un premio
que el Dominante concede a su ser sumiso, ya sea porque sea Dama
Dominante y de ésa manera quiera premiar en algo a su sumis@ o porque
sea Amo y premie así, permitiéndole a su sumisa ofrecerle ésa practica
al realizarla en otra persona del mismo sexo.
Sea cual sea el tipo de relación que la encuadre, lo que sigue es para
tratar de mostrar la forma de hacerla más placentera a quien la recibe,
sin evitar en ningún momento, que quien la realiza también lo haga
disfrutándolo también.
No se trata sólo de lamer de forma reiterada sobre los labios, el
interior del coño o el clítoris, sino de ir combinando diferentes tipos
de caricias para aumentar, sostener la excitación o precipitar el
orgasmo.
Esencialmente no es distinto que quien lo haga sea hombre o mujer,
salvo porque una mujer puede conocer mejor los puntos básicos, o las
reacciones a cada caricia por haberlas experimentado alguna vez, no
obstante es como todo; cada mujer posee unas características
determinadas, lo siente y lo vive de forma personal, no todas sienten
igual, aunque todas; vainillas, Amas, sumisas, switch, etc pueden
apreciarlo y gozar de ello físicamente por igual.
En lo que se refiere a BDSM, las sensaciones se amplían, no se queda
sólo en lo físico, hay componentes nuevos: la adoración del ser
sometido, hacia la Domina, el ansia de servicio al Amo en caso de
prácticas compartidas entre sumisas del mismo o diferentes Dominantes
masculinos y/o femeninos, la intima comunión del sumiso cuando su Ama
lo demanda o lo autoriza, y la sensación de poder y entrega que los
Dominantes pueden experimentar al ver a sus seres sumisos realizarlo por
ellos. Son detalles a tener en cuenta también, porque la actitud cuenta
y mucho.
Todo lo que incrementa el placer de los Dominantes al recibir devoción
y entrega, y de los sumisos en sentir que satisfacen a sus Dominantes,
enriquecerá y hará más placentera, firme y estable la relación.
Cuando una mujer, independientemente de su condición, orientación o
rol sexual conoce a una persona capaz de (vamos a dejarnos de remilgos)
comerle bien el coño, sabe que ha encontrado a alguien especial capaz de
proporcionarle un placer inigualable y difícilmente le dejará escapar,
porque no es algo habitual que se haga con las ganas, el tiempo, el
cuidado y la paciencia suficientes para que resulte extraordinario cada
vez.
La zona más directamente erógena de la mujer tiene además una ventaja
añadida en cuanto a la rendición absoluta de una mujer; por muy malas
experiencias sexuales que haya tenido antes, no es sentida como una
agresión tal y como sucede con la penetración, y predispone muy
favorablemente a cualquier tipo de fémina para otro tipo de prácticas
sexuales.
Empecemos por observar a la mujer en si. Todas, absolutamente todas
sin excepción, se sienten inseguras respecto a algún detalle de su
cuerpo, la más satisfecha no será la que esté conforme al 100 % con el
suyo, sino la que menos defectos se vea. Es importante tenerlo en
cuenta, porque tiene que sentirse cómoda y confiada para relajarse,
dejarse hacer, disfrutarla y apreciar a quien le da ése exquisito
placer. Para conseguir ése estado de inquieta calma, es igual de
efectivo un aluvión de caricias suaves, ( de ésas que se dan con la mano
abierta o las yemas de los dedos apenas rozándola) que una mirada
intensa y oscurecida por el deseo, pero:
No te olvides de la voz, es un arma poderosa y demasiadas veces,
olvidada. Unas palabras bien elegidas y dichas en el momento de máxima
excitación, pueden provocar incluso orgasmos súbitos, que por
inesperados, son recordados para siempre.
La mujer es, mucho más que el hombre, un ser que necesita de la
palabra. Admira abiertamente su cuerpo, alaba sus atributos físicos mas
destacables, su actitud, su belleza interior que aflora al exterior en
esos momentos de vulnerabilidad, dile cuánto te excita, cómo la
deseas... la suavidad o “crudeza” de los términos que emplees para
ello, quedará sujeto a las preferencias de la pareja, o en caso BDSM, de
lo que sea más placentero para el Dominante, incluya o no el uso de la
auto humillación del sumiso.
Es necesario “hacerla saber” que es perfecta en ése momento para ti,
que pude confiar en que no deseas estar en ninguna otra parte, ni con
alguna otra persona. Deja ésas palabras danzando en su mente y observa
cómo se abre a ti, cómo el temor y los nervios de momentos antes se
transforman en deseo ante tus ojos; da igual que ella sea joven o
madura, Ama o esclava, si consigues estar atento en un momento así,
descubrirás un significado que da otra dimensión a la palabra magia.
El ser sumiso, por lo general se encuentra en silencio durante la
sesión, así que deberá hacerse entender mediante gestos, miradas,
suspiros… con todo el respeto, reverencia y devoción que merece un Ama,
es ante todo una mujer y en esos precisos instantes, tal vez más que en
ningún otro.
El caso es transmitir el ansia de servir, de dar placer, de degustar
–siempre agradecido- el honor que representa ser usado para proporcionar
a su Dominante tanto placer como pueda. Y de la forma que le hayan
impuesto, lo que muchas veces, limita ésta práctica a la acción directa
sobre los genitales, privando a ambos de unos preliminares repletos de
sensaciones. Si la sensación de poder se acrecienta o no dependiendo de
ellos, es algo que el Dominante habrá de sopesar y aclarar antes de dar
las órdenes oportunas.
Usa tu mano para acariciar su vientre, los muslos, el pubis…
comprueba su excitación con ellos, no tengas inconveniente en llevarte
ésos dedos a la nariz o los labios para lamerlos, tanto a los tuyos
como a los de ella, o a los de uno, para después enriquecer ése sabor
aderezándolo con un morboso beso para los dos; algo tan sencillo, es
uno de los gestos íntimos más placenteros que puedan existir.
Baja por su cuerpo dejando un rastro de caricias húmedas que la hagan
estremecer; pequeños roces casi besos, un rastro de saliva… baja y
disponte a mirar. ¿Qué puedes ver? Una parte delicada del cuerpo
femenino, tan delicada que ha de protegerse con unos labios carnosos.
Los hay de todas formas, tamaños, apariencia, sabor, color y textura,
pero si sabes ser generos@ en las caricias, sea como sea, lo disfrutará.
No sé si afirmar a estas alturas que no hay dos coños iguales será
tomado como una temeridad, pero incluso entre los más parecidos,
existirán diferencias que harán a cada uno especial. Si has conseguido
hacerle sentir el deseo que sientes, seguramente lo encontrarás jugoso y
preparado para ti.
Encontrarás que unos son casi planos, mientras en otros los labios son
abultados y muy seductores. Podrán estar cubiertos de vello casi por
completo y que otros apenas están cubiertos por una fina pelusilla
suave. EN BDSM, la mayoría de las ocasiones, lo hallarás totalmente
desprovisto de pelo. Trata de averiguar por sus reacciones, por cómo se
resiste o se entrega al placer, qué zonas son específicamente mas
sensibles en ése que tienes delante, y entonces, no lo dudes; Lánzate
con ganas y pasión.
Concéntrate en lo que es el coño en si, míralo otra vez, con
delicadeza ve separando los labios que lo recubren, si por excitación o
timidez trata ella de cerrar las piernas, insiste con suavidad y
firmeza. Mira el interior, los labios internos de un color más rosado,
oscuro… todo sensibilidad, rózalos, si no puedes evitarlo, incluso
lámelos ya. Mueve la lengua, pero no a demasiada distancia;
¡Quién sabe si “mientras trabajas” , distraído, la punta de tu nariz
encuentra un pequeño (o no tanto) botoncito al que torturar “sin
querer”¡ Los clítoris, como todo lo demás, suelen tener tamaños y formas
diferentes, aparecer descubiertos, desafiantes e insolentes o tímidos y
recubiertos por su capuchón… No importa: todos son capaces de
proporcionar orgasmos.
La mayor parte del éxito en que un cunnilingus sea en todo momento
satisfactorio y placentero es mantenerlo bien húmedo; si la persona que
la está recibiendo no lubricara lo suficiente no dudes en utilizar
saliva o alguna sustancia que lo mantenga así. El coño, y sobre todo el
clítoris, han de estar mojados para que, ya sean los dedos o la lengua,
puedan “resbalar” sobre ellos: un clítoris o un coño seco, hará las
caricias más bruscas y puede producir un efecto “pegado” que producirá
dolor. Espera a que se excite lo suficiente para manejar su clítoris.
Ten muy en cuenta esto: A las mujeres en general, y no digamos a las
Amas, les gusta ser deseadas e incitadas, hazlo. Busca la piel más suave
y sensible de su cuerpo; sí, ésa misma, la parte interna de los muslos,
es su parte más delicada y la más indicada para empezar a lamer.
Ahora concéntrate en chupar, besar y lamer, mastúrbala al mismo
tiempo para que su coño permanezca húmedo y ve acercándote a él… juega
con sus ganas un poco, saca la lengua y ve recto, para acabar posándola
en el pliegue que forman la unión de el tronco y los muslos. Frota tu
cara contra ése coño, pasa los labios por el ahora sin rozarlo, ahora
presionando más…
Frota tu
cara sobre su pubis, ve bajando despacio, besa sus labios (vaginales)
con los tuyos, mete la punta de la lengua, pásala por su raja, busca el
botoncito mágico y sobetéalo con la lengua una y otra vez. No insistas
demasiado en ése punto a menos que quieras que se corra de inmediato,
puedes hacerla desear más, que mueva las caderas buscando esas caricias
mientras te entretienes en la parte interna de los labios… Intenta
chupar más fuerte, es una parte sensible pero muchas veces un puntito de
dolor excita mucho. Es cuestión de probar.
Imita la
penetración con a lengua, empuja suavemente, hazla gemir y pedir más,
puedes penetrarla ahora con uno o dos dedos para buscar el clítoris otra
vez. A estas alturas ya estará duro, fuera de su capuchón y preparado
para ser succionado y hasta mordisqueado con suavidad. Si es tímido y
no ha salido todavía, búscalo retirando la piel que lo cubre. Mover la
lengua a diferentes ritmos a lo largo del interior de los labios, desde
el clítoris a la entrada de la vagina, es la primera clave para el
éxito, los otros grandes indicativos de que se está haciendo bien son,
la lubricación vaginal y observar las reacciones de ella.
Mírala y
disfruta haciéndola disfrutar, si estás sirviendo a un Ama o a un Amo a
través de otra sumisa, deberás estar atento/a a las órdenes que te
puedan dar, pero en cierta medida, aun en ése caso, gran parte del
control lo tienes tu, no lo desperdicies, sírvete de ello para procurar
el mejor placer de ésa manera tan deliciosa. Si levanta las caderas,
muévete con ella, no pares, mantén tu boca ahí incluso cuando ya hayan
comenzado las convulsiones del orgasmo, el gran error que muchas
personas cometen es pararse antes de tiempo, y la gran sorpresa que
muchas mujeres encuentran al ser adiestradas como sumisas, es comprobar
que pueden sentir cómo se les encadenan los orgasmos con la estimulación
correcta del clítoris. No hay más límite que la resistencia de quien
come y quien recibe la comida.
Tú puedes
hacer que sea una experiencia inolvidable para ambos, sólo se necesitan
intimidad, ganas, paciencia y disfrutar cada segundo de lo que haces o
te hacen.